lunes, 17 de abril de 2017

Atenea.

En un parpadeo, se encontró frente a una pila de dosieres, folios y libros tan alta que ni siquiera le permitía ver los demás escritorios que había esparcidos por la sala.
Se detuvo frente a la mesa en silencio durante unos segundos, con sus superiores aguardando a su espalda. Tras un par de profundas inspiraciones pudo escuchar la suave voz del General, que parecía deslizarse a través del aire como el más fino humo cada vez que hablaba.
- ¿Qué le parece, señorita? - a pesar de que intentaba sonar seguro, Laura pudo percibir la inquietud      en sus palabras -, ¿cree que podrá tener analizada toda esta información para el viernes?
El miércoles entraba en su ocaso, y ella lo sabía. La escena que tenía enfrente le anunciaba largas horas de esfuerzo, bombillas encendidas de madrugada y demasiado cansancio, pero aquello sólo consiguió motivarla aún más. Ningún trabajo había podido nunca con ella, y ese no iba a ser el primero.
Decidida, se volvió hacia el equipo tras ella y estiró la espalda lo máximo posible.
- ¿Tienen té aquí?
- ¿Cómo?
- Té, ¿puedo disponer de él aquí?
- Por... por supuesto - el General titubeó un segundo, sin duda sorprendido por su respuesta.
- Entonces, de por sentado que cumpliré el encargo.

miércoles, 12 de abril de 2017

Invocación.

Yra cerró inconscientemente los ojos en el mismo instante en el que su espada partió la roca por la mitad. Se mantuvo así unos segundos, quieta y callada, respirando hondo mientras aguardaba la terrible venganza correspondiente a su afrenta.
Pero nada ocurrió: ningún espíritu acudió furioso a atacarla, su arma no se volvió contra ella, las paredes de la gruta no comenzaron a derrumbarse a su alrededor.
Abrió los ojos, aún cautelosa, y observó lentamente la habitación. Todo parecía estar intacto, nada había cambiado desde que entraran allí, apenas unos minutos atrás. Tan sólo la roca de invocación se había visto modificada, ya que el color rojo como la sangre que la caracterizaba se había perdido al romperse. Ahora, partida en dos sobre el suelo polvoriento, lucía una tonalidad sucia y gris. Nada la diferenciaba de las demás piedras de la cueva.
Se volvió hacia sus compañeros, que permanecían de pie junto a la entrada. Su hermana y los miembros de la guardia observaban la sala, curiosos. Sólo la mirada azul del joven Zeron reflejaba todavía el temor que les había invadido al llegar allí. Sin embargo, también parecía aliviado.
- ¿Ya está?, ¿eso es todo?
Yra giró lentamente sobre sí misma, estudiando su entorno desde el techo hasta las paredes.
- No lo sé. Eso parece.
- No puede ser – su hermana dio unos pasos hacia delante y sus cabellos negros se agitaron sobre sus hombros – todo este camino no puede haber sido en vano.
Yra volvió a mirar la roca con un ligero sentimiento de decepción.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? – la voz queda de uno de los guardias llegó hasta sus oídos.
Se quedó callada, pensando una buena respuesta que darle, pero entonces Zeron interrumpió el silencio.
- ¿Esa sombra estaba ahí antes?
Yra miró hacia donde señalaba su compañero. Efectivamente, una franja oscura había aparecido en la pared frente a ella, no recordaba haberla visto al entrar.
- Voy a investigar – dio un par de pasos y se volvió hacia su hermana – ¿vienes?
Pesla no necesitó ser preguntada dos veces. Corrió hacia ella y juntas se acercaron a la sombra.
Cuando estuvieron a su lado, descubrieron la puerta que se había abierto en la roca. Parecía haberse generado directamente a partir de la pared, como si esta se hubiera desgarrado hacia afuera, y la luz procedente de las antorchas se reflejaba en ella creando la sombra que había llamado su atención. Tras unos segundos de vacilación, Yra se asomó al hueco oscuro que se adivinaba tras la nueva entrada.
Apenas consiguió ver nada. La sala se mantenía en tinieblas, únicamente iluminada por las llamas que se situaban en la anterior. Sin embargo, pudo percibir las escarpadas paredes, cuya piedra formaba picos en diversos puntos, y el rocoso suelo rojizo que se extendía hacia el fondo de la habitación hasta formar lo que parecía ser un precipicio.
Dudó antes de pasar, situándose en el umbral durante unos segundos que se le antojaron eternos. Percibía a Pesla aguardando a su lado, pero se sentía incapaz de seguir avanzando. Durante todo el tiempo que ella y su compañía habían empleado para llegar hasta allí nunca había sentido miedo, ni siquiera una ligera inquietud, pero ahora el temor que experimentaba atenazaba cada uno de sus miembros.
Su hermana avanzó un par de pasos, y en sus ojos pudo ver el deseo de aventura a pesar de los peligros que pudiera conllevar. De algún modo, su presencia le proporcionó fuerzas y, con todo el valor que fue capaz de reunir, se introdujo en la estancia.
La temperatura disminuyó considerablemente mientras avanzaban, y en la oscuridad el sonido de las gotas cayendo contra el suelo parecía amplificarse. Yra caminó despacio, lo más sigilosamente posible, mientras escudriñaba el espacio negro sin obtener resultados.
Sin embargo, cuando alcanzaron el borde del precipicio su vista se acostumbró a las sombras y pudo contemplar el vasto vacío de la habitación, un mero cúmulo de piedra y humedad. Se asomó al abismo que se abría a sus pies y la oscuridad que surgía de su fondo invitaba a suponer que no tenía fin.
Lo contempló unos largos segundos mientras notaba los mechones del pelo de Pesla resbalando sobre su hombro.
- Parece que no hay nada – su hermana frunció el ceño con la vista clavada en el hueco –, qué extraño.
- Sí que hay algo, ¿notas el calor que sube del fondo? El resto de la habitación está congelada.
- Cierto – la respiración de Pesla se entrecortó un instante contra su piel –, quizá allí está lo que has invocado.
- ¿Y qué he invocado, exactamente?
Su hermana abrió la boca para responder, pero el potente bramido que se alzó desde el abismo la interrumpió antes de poder emitir ningún sonido. El volumen del rugido logró que retrocedieran unos pasos, atemorizadas: Yra no había escuchado nunca a una bestia expresar un ruido como aquel, y creía imposible que ninguna que conociese pudiera hacerlo.
- ¿Qué es eso? – Pesla gritó, alzando la voz por encima del sonido ensordecedor.
Una forma se elevó desde el hueco del precipicio, respondiendo a su pregunta.
Durante un segundo, Yra sólo pudo ver unos enormes cuernos asomándose sobre el borde del mismo, su superficie negra brillando contra la leve luz de las antorchas. Sólo cuando estos alcanzaron su fin pudieron empezar a vislumbrar la cabeza escamosa sobre la que se asentaban.
Yra sintió cómo su corazón se aceleraba a medida que emergía el dragón: su cara era tan alta como la pared situada al fondo y las rojas esferas de sus ojos, aun grandes como ruedas de carro, parecían pequeñas en comparación con sus fauces. Estaba segura de que, de pretenderlo, la bestia podría devorar a toda su comitiva de un solo bocado.
Finalmente, el ser se detuvo. Las miró pensativo y fiero mientras ellas, sintiéndose repentinamente diminutas, alzaban la vista para tratar de obtener, inútilmente, una imagen completa de él.
El dragón exhaló pesadamente, azotándolas con su aliento ardiente. Abrió las mandíbulas y, al tiempo que mostraba unos colmillos afilados y grandes como estalactitas, habló con una voz profunda y grave.
- ¿Quiénes sois, intrusas?, ¿por qué me habéis llamado?

sábado, 1 de abril de 2017

Tag de la diva.

¡Hola, mis niños!

Hoy os traigo un tag que vi en Youtube, en el canal de Dulceida, fue creado por Juanmasaurus. Consiste, como todos los tags, en responder a las preguntas que se plantean, haciendo estas referencia a canciones interpretadas por "divas" del mundo de la música.

Esta no es una entrada demasiado acorde a mi contenido, en realidad, pero no os imagináis cómo me motivé escuchando las respuestas de Dulceida, así que tenía que hacerlo yo también sí o sí.

1. Canción que te recuerda a alguien.

Whenever, wherever. Shakira.

Me he criado escuchando, entre otros artistas, a Shakira. Esta canción no me recuerda a alguien, sino a algo en especial: los viajes en coche que hacía de niña con esta mujer de fondo.


2. Canción antigua que te guste.

Lady Marmalade. 


Supongo que una canción del 2001 contará como "antigua". Siempre me ha gustado mucho en general, pero sobretodo la parte en la que canta Christina Aguilera, adoro su voz

3. Canción que odias.

Run the world. Beyoncé.


Lo siento. Lo he intentado varias veces, pero ni siquiera la soporto lo suficiente como para escucharla entera.

4. Canción de la que te sepas la coreografía.

This is how we do. Katy Perry.

Habría puesto Single ladies, pero ya coincido en una opción con Dulceida y estoy segura de que esa canción sería la elegida por muchos, así que voy a hacer un desesperado por al menos parecer original. Si damos por válido el helado haciendo twerking que sale en el vídeo, supongo que estoy diciendo la verdad, ¿no?

5. Artista nueva que te vuelve loca ahora mismo.

Ariana Grande.

No es un artista nueva, pero hasta hace muy poco no me había dado cuenta de lo que me gusta su voz. En realidad es ahora cuando he empezado a escucharla con un verdadero interés.

6. Canción nueva que te encante.

Million reasons. Lady Gaga.


Esta es la respuesta que he copiado. Tardé mucho en escucharla cuando se lanzó, pero me tiene totalmente enamorada. Me parece un tema exquisito, con una letra y un mensaje preciosos, cada vez me gusta más.

7. Canción que te motive.

Love on top. Beyoncé.


De mis favoritas de Beyoncé, aunque no es tan conocida como otras. Parece que no, pero siempre acabo bailando por la habitación cuando la escucho.

8. Canción favorita de diva.

Candyman. Christina Aguilera.


Es mi favorita con diferencia. Ya no es sólo por la voz de Aguilera, que ya he comentado que amo, también tiene un cierto encanto que me anima cada vez que la escucho y me hace desear secretamente ser una chica pin - up. 



Bueno, esto es todo por hoy. Espero que la entrada os haya gustado o, por lo menos, entretenido. ¡Sed felices!

domingo, 19 de febrero de 2017

Beloved man.

Me agarra del cuello y comienza a apretar, privándome de aire. Duele, me queman los pulmones, pero me obligo a intentar respirar. Me obligo incluso cuando ya estoy muerta.
No es consciente de que me ha matado, al menos durante un momento. Se queda mirando mi rostro, mis ojos abiertos dirigidos inertes al techo, observándome como si creyera que soy parte de un sueño.
Sólo cuando por fin se entera que lo que me ha hecho se levanta de encima mía. Está a punto de hiperventilar, nunca he visto tanto miedo en su expresión. Supongo que es irónico que se muestre tan preocupado cuando él sigue vivo y yo ya no estoy por su culpa, pero permanezco sentada junto a mi cuerpo mientras le observo caminar a trompicones de un lado a otro de la habitación.
Se agacha y me sujeta las manos, pero luego recapacita y se levanta de nuevo para ir a buscar un trapo con el que limpiármelas. El muy idiota se cree que nadie sospechará de él si no encuentran sus huellas en mi cuerpo, a pesar de que es mi marido. Frota con la tela todo mi cuerpo, incluyendo la nueva marca amoratada que ha aparecido en mi cuello, sin que en sus ojos aparezca ningún rastro de arrepentimiento. Sólo quiere librarse de mí, de la responsabilidad por haber acabado con mi vida, le doy igual yo.
Después de deslizar el trapo por todos y cada uno de los muebles del salón se marcha de allí, dejándome tirada junto a la mesa de café. Me encanta esta mesa, cuando la compramos estaba deseando poder usarla hasta ser una anciana. Es increíble cómo ocurren las cosas.
Vuelve al cabo de un rato y con cuidado me coge en volandas, moviéndose con precaución como si creyera que de un momento a otro mi cuerpo revivirá para rebelarse y darle unas patadas. Me encantaría hacerlo, ojalá fuera posible, sería genial poder golpear esa cara que sólo refleja temor.
Me lleva al garaje y me arroja en el maletero abierto, sin preocuparse un instante por al menos tratar mis restos con un poco de dignidad. Me siento ofendida: suponía que reaccionaría como en las películas que siempre he visto, como dicen en las series de policías, tratándome con cuidado y delicadeza y con lágrimas en los ojos arrepentido por haberme matado. Ya veo que no le importo tanto.
El trayecto en coche se me hace eterno en la oscuridad, pero cuando por fin me saca la noche que me espera en el exterior es tan cerrada que no supone una gran diferencia. De nuevo en sus brazos, me conduce a través del bosque hasta una zona poco transitada, junto al río, y me tiende en la orilla de cualquier manera. Hace amago de cubrirme con las hojas, pero parece cambiar de idea, y una última mirada de soslayo es todo lo que obtengo de él antes de que se pierda entre los árboles.

De modo que es esto. Finalmente, así ha acabado lo nuestro. Me siento junto a mi misma y me quedo contemplando el discurrir del río, alguien terminará encontrándome.